lunes, 22 de febrero de 2010

El Cónsul de Sodoma

Más porno, que erotismo; o lo que es lo mismo, más culos, que poesía. Quizás es para no perder la costumbre del cine español, esa de mostrar las vergüenzas sin pudor; pero el espectador literario, sin duda, echa en falta más versos en este intento cinematográfico por retratar la vida de Jaime Gil de Biedma, uno de los mayores exponentes de la generación del 50.

Una película de estética empolvada que se deja embaucar por los tópicos más morbosos. Si el film comienza con un joven filipino que se vende por unos dólares, acaba con un chapero bailando al ritmo de los Pet Shop Bays delante de la mirada derrotada del poeta. Una bajada de telón que desconcierta al público justo cuando parecía que la película remontaba y crea un conseguido paralelismo entre una de las relaciones de Gil de Biedma con un gitano y la novela Últimas Tardes con Teresa de Juan Marsé, amigo del poeta que se ha mostrado desconforme con la versión cinematográfica.

Cuesta reconocer al poeta en la interpretación de Jordi Mollà; sin embargo otros escritores se distinguen nada más entrar en escena. Sin necesidad de precisar, los coloquios fluyen con los nombres de pila de los literatos y temas en el candelero, como la represión franquista. Un goce para quien se anime a rebuscar en las carteleras, porque El Cónsul de Sodoma sólo se proyecta en dos salas, Cinemas Méliès y Casablanca-Kaplan.

El cónsul de Sodoma, 2009
Director: Sigfrid Monleón
Duración: 110’

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