sábado, 6 de marzo de 2010

La fealdad de los dibujos animados

Sábado por la mañana, enciendo el televisor con la ilusión de encontrarme unos dibujos animados para rememorar mi infancia cuando corría a despertar a mis padres y luego pedía “sólo un ratito de tele, mamá” . Pero en lugar, de encontrarme unas caricatures afables, de trazado suave, me encuentro con unos monigotes digitales y, vale, sí, podemos encontrar la excusa en los avances tecnológicos, la era del 3D, incluso, aunque cueste decirlo, reconocer que los niños de hoy son de otra generación. Pero, no es solo eso, los dibujos que aparecen en la pantalla son un tributo a la fealdad y la escatología, seres contrahechos, con narices amorfas que estornudan mucosidades. ¿Dónde ha quedado el dibujo cándido? ¿Qué es del espectáculo pueril con historietas candorosas?

No hablo de valores, sino del trazo de los dibujantes. No discutiré si a los chiquillos hay que transmitirle los valores positivos de bondad, belleza e inocencia, los detractores de la factoría Disney se me tirarían a la yugular; si antes no me lanzan a la cabeza “Para Leer al Pato Donald” de Mattelart.

Sólo dejo caer una observación. ¿Porqué los dibujos animados son más feos ahora que hace quince años?

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